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Profundos barrancos, senderos y los únicos ‘fiordos’ de Andalucía aguardan al visitante que se adentra en el Parque Natural Sierra de Hornachuelos
Un buitre negro sobrevuela la mole del Monasterio de los Ángeles y la escarpada Peña del Salto del Fraile que, allá por el siglo XIX, inspiraron al Duque de Rivas en su obra teatral ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’. A ras de suelo, divisan la escena los visitantes que transitan por los senderos junto al río Bembézar, en pleno Parque Natural Sierra de Hornachuelos (Córdoba).

Peña del Salto del Fraile.
Con casi 60.000 hectáreas de superficie, el enclave encierra un pasado de eremitas, nobles y religiosos. La huella de la historia sigue presente en este espacio natural de gran riqueza y diversidad biológica, que cuenta con uno de los mejores cielos de Europa para la observación de estrellas, los únicos ‘fiordos’ de Andalucía y la segunda mayor población de buitre negro de la región.
Distribuido entre los municipios de Hornachuelos, Villaviciosa de Córdoba, Almodóvar del Río, Posadas y Córdoba, el parque acoge especies de flora y fauna autóctonas que lo convierten en un espacio único. No en vano, forma parte de la Reserva de la Biosfera Dehesas de Sierra Morena, junto a los parques naturales Sierra Morena de Sevilla y Sierra de Aracena y Picos de Aroche.
El Parque Natural Sierra de Hornachuelos se integra en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía, gestionada por la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente. Su director-conservador, Jorge Paniagua, destaca el «valor ecológico» de un entorno que alberga una de las zonas de bosque mediterráneo y de ribera mejor conservadas de Sierra Morena.

Sendero Orquídeas de las Herrerías.
Desde los senderos del Águila, Botánico, Guadalora, Orquídeas de las Herrerías, La Rabilarga y Los Ángeles, los visitantes pueden sumergirse en la diversidad natural de la zona. Una flora típicamente mediterránea se extiende por el ámbito forestal, que ocupa la mayor parte de este espacio, donde solo se dedica a usos agrícolas el 1,8% de su superficie.
Destacan las formaciones arbustivas (jaras, brezos, lentiscos, madroños…), que abarcan alrededor de un 54% del terreno, e incluye áreas de matorrales con cubierta arbolada de encinas y alcornoques. Estas comunidades de matorrales tienen una gran importancia por su aportación a la biodiversidad del espacio natural, su repercusión en el paisaje y su elevada capacidad de protección del suelo.

Zona de bosque mediterráneo en el Parque Natural Sierra de Hornachuelos.
Las formaciones adehesadas, en las que árboles como encinas, alcornoques o quejigos dejan también espacio para pastos y vegetación herbácea, ocupan en torno al 27% del terreno.
El parque ofrece, distribuido en áreas menos extensas, arbolado de acebuche, algarrobo y palmitos en barrancos abiertos a la vega del Guadalquivir, al igual que bosques en galería de alisos, sauces y fresnos, además de ejemplares de almeces mezclados con quejigos junto a los ríos Guadalora, Guadiato y Retortillo.

Río Guadalora.
El propio sendero del Guadalora es la puerta de entrada al bosque de ribera. «En el Parque Natural Sierra de Hornachuelos contamos con la aliseda mejor conservada de Andalucía», explica Jorge Paniagua acerca de la importante presencia de este árbol característico de lugares húmedos. Dentro del agua, por su parte, pueden encontrarse ranúnculos, lentejas de agua y otras especies acompañantes.

Sendero del Guadalora, puerta de entrada al bosque de ribera.
Barrancos y cañones
Tres cuencas fluviales (Guadiato, Bembézar y Retortillo) discurren por este espacio y le confieren uno de sus rasgos distintivos. Se trata de ríos con características comunes, al nacer en Sierra Morena y desembocar en el Guadalquivir después de un corto trayecto que los obliga a salvar, en pocos kilómetros, desniveles de entre 400 y 600 metros.
Estos saltos confieren a sus aguas una gran velocidad y un potente poder erosivo durante millones de años, lo que ha abierto profundos cañones y barrancos sobre el terreno, que hoy ofrece la visión insólita de lo que se ha dado en llamar ‘fiordos de Andalucía‘.

Vista de los denominados ‘fiordos de Andalucía’, provocados por la erosión de los ríos en el terreno.
Precisamente, la Sierra de Hornachuelos presenta como particularidad la existencia de paisajes y formas de erosión diferentes a las habituales en Sierra Morena. El núcleo urbano de Hornachuelos se asienta sobre un enclave calizo que ha dado lugar a sus ‘casas colgadas’ o al Cañón de la Pasada de Algeciras, un valle intensamente modelado por acción del río Guadalora sobre las rocas.

Casas colgadas de Hornachuelos.
Gracias a esta característica geológica, es posible observar fósiles marinos, recuerdo de cuando el mar llegaba hasta Hornachuelos hace cinco millones de años. Prueba de ello es también la existencia, en el entorno del parque, del Yacimiento Paleontológico de Los Nublos y su cementerio de ballenas, con una gran concentración de fósiles de estos mamíferos marinos.

Costilla de un fósil de ballena.
Contemplación de aves rapaces
El buitre negro es la especie dominante en el parque, que acoge una de las mayores colonias de Andalucía, tras la del Paraje Natural Sierra Pelada y Rivera del Aserrador, en la provincia de Huelva. Según el último censo disponible, correspondiente a 2020, el parque natural cordobés y su área de influencia contabilizaban 92 parejas de estas aves, que pueden divisarse desde distintos emplazamientos.
Y, junto al buitre negro, buitres leonados, águilas reales, imperiales y perdiceras, además de cigüeñas negras. De hecho, el Parque Natural Sierra de Hornachuelos está incluido en el Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Tampoco son ajenos a estos parajes otros animales como la nutria, el meloncillo, el ciervo y el jabalí.

Ejemplar de buitre negro.
Un ‘puente tibetano’
El otoño y la primavera son las estaciones elegidas por la mayoría de las personas que se acercan a este espacio para contemplar su patrimonio natural. El centro de visitantes ‘Huerta del Rey’, ubicado en el área recreativa del mismo nombre y responsable de informar sobre las opciones para disfrutar del parque, es el punto del que parten varios de los senderos de uso público.

Centro de visitantes ‘Huerta del Rey’.
Otras dos áreas recreativas (Fuente del Valle y Fuente del Conejo) y los miradores del Águila y Huerta del Rey invitan también a sumergirse y disfrutar del entorno, que acoge multitud de actividades de diversa índole, además de eventos deportivos.
Los recorridos por los seis senderos del Parque Natural Sierra de Hornachuelos pueden realizarse libremente. Complementa esta oferta la amplia red de senderos de los municipios integrados en el espacio.
Actualmente, se está desarrollando un proyecto, de la mano de otras administraciones públicas, para unir dos senderos en los márgenes del río Bembézar a través de un ‘puente tibetano’ sobre las aguas del embalse de Hornachuelos.

Área recreativa ‘Fuente del Valle’.
Iniciativas para profundizar en las flores y plantas características de cada estación.

Berrea del ciervo.
Los embalses que bañan al parque (La Breña, Bembézar, El Retortillo y Hornachuelos) constituyen un aliciente para los recorridos. Una de las actividades que goza de mayor aceptación es el paseo en barco solar por el embalse de Bembézar, un itinerario que permite avistar la flora y fauna y conocer distintos puntos de interés, como los citados ‘fiordos’. Por su parte, los embalses de La Breña y Hornachuelos.

Embalse de Hornachuelos.
La claridad de los cielos nocturnos ha conducido a la declaración de Sierra Morena como Reserva Starlight, por tratarse del mayor espacio protegido del mundo para la observación de estrellas.
Por la ruta de las orquídeas
La rica flora de este espacio natural protegido está dando lugar a la revalorización de las orquídeas existentes en el mismo. En concreto, en el sendero ‘Orquídeas de las Herrerías’ se han identificado casi 20 especies diferentes y se está desarrollando un proceso de señalización para poner en marcha rutas interpretativas, entre los meses de enero y junio, orientadas al conocimiento de las mismas. El objetivo es, en palabras de Jorge Paniagua, avanzar hacia un «turismo más especializado».

Ejemplar de orquídea ‘Ophrys Lutea’.
Con el mismo fin, se quiere ofrecer mayor difusión al parque como área para practicar el cicloturismo. De hecho, se encuentra integrado en una ruta cicloturista que atraviesa toda la Reserva de la Biosfera, desde Encinasola (Huelva) hasta el municipio de Posadas (Córdoba).
Junto a la conservación de los ecosistemas, la gestión de los parques naturales se orienta al impulso de la economía del entorno. El aprovechamiento del corcho de los alcornoques, la actividad cinegética y ganadera -destacando la cría del cerdo ibérico en montanera-o el sector turístico son actividades que permiten fijar la población al territorio y compatibilizar el desarrollo sostenible con la conservación de los valores naturales y patrimoniales.

Extracción de corcho en el Parque de Hornachuelos.
El rastro de la historia
En el Parque Sierra de Hornachuelos se respira también historia. Como la del hermano Mateo de la Fuente, discípulo de San Juan de Ávila y ermitaño del yermo de Córdoba, que, junto al hermano Diego Vidal, se instalaron como eremitas en unos montes poblados de cardos, en lo que fue el germen del Monasterio de San Basilio del Tardón (sobrenombre derivado de Cardón), habitado por monjes hasta 1808.

Monasterio de las Carmelitas Descalzas de Nuestra Señora de la Sierra.
El lugar donde se ubicaba el monasterio fue testigo del espíritu repoblador de Carlos III, con la fundación de la última de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, a la que se llamó San Calixto en recuerdo al día del nacimiento del rey Fernando VII un 14 de octubre. Hasta mediados del siglo XIX, San Calixto fue un municipio independiente de Hornachuelos. Con posterioridad, allí se asentó el palacio del Barón de San Calixto y, actualmente, alberga el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de Nuestra Señora de la Sierra, que sigue activo y en pie en pleno corazón de la sierra.
No es esta la única construcción religiosa que se ha levantado en estos paisajes. «Hablamos de una zona con una gran carga espiritual, elegida en muchas ocasiones por eremitas», recuerda Jorge Paniagua.

Perspectiva del edificio del seminario sobre una cueva del entorno.
También aquí emergen los muros del Monasterio de los Ángeles, del siglo XV, perteneciente a la orden franciscana. El edificio estuvo rodeado a principios del siglo XVI por varias ermitas, de las cuales aún quedan restos sobre los montes del entorno. Las cuevas de la zona fueron morada en muchas ocasiones de los monjes, que habitaban en ellas a cierta distancia de la casa principal.
La Desamortización de Mendizábal supuso la salida de los frailes del monasterio en 1836 y, tras encontrarse durante décadas en manos privadas, el recinto fue destinado a seminario diocesano hasta 1971. Hoy el edificio, reconvertido en centro de reinserción social, continúa coronando el entorno como imagen emblemática de un paisaje donde, desde hace siglos, la naturaleza y la historia caminan de la mano.

Seminario de Los Ángeles a orillas del río Bembézar.